A veces me siento ¿inspirada? en los semáforos, o en la terraza de un bar mientras espero que llegue alguien… incluso en el sofá cuando pretendo dormir la siesta. También en algunos ascensores. Y en la ducha (esto me ha pasado toda la vida, con frecuencia) pero ahí no puedo escribir.

Tengo muchos pequeños textos. Algunos sobre mí, otros son elucubraciones… acumulo líneas que no edito y guardo con cariño.

Hoy me decido a lanzar una de estas notas , la más reciente, con alivio, en un suspiro… me encantaría contagiar una pizca de quietud al que lo lea.

Si no gusta, no hay problema. Ni se compra ni se vende. Como yo.

[…]

Estoy en un momento (se puede llamar edad) en que ya dejé de estar pendiente de muchas nimiedades.

No tengo por qué aclararle a nadie lo que soy, lo que hago ni a dónde voy. Los que me conocen no necesitan respuestas.

En esta etapa de mi vida tampoco me importa si me odian. Estoy satisfecha de saber que hay gente que me quiere. Que me quiere bien, en la medida de mis necesidades. Que tampoco son tantas.

Me siento afortunada de descubrir cada día hasta dónde llega el cariño de muchas de estas personas.

Vivo mi vida sin hacer daño a nadie y eso es lo único que espero de los demás. No me interesa nada más que lo que las personas de mi círculo estén dispuestas a compartir conmigo. Es un lujo.

Soy feliz así. Día a día. Ahí está mi paz.

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