Decálogo de la gente feliz

1. No decir sí cuando quieres decir no. No se puede renunciar a tu felicidad por tratar de satisfacer a los demás. Es frustrante.

2. No reprimir los halagos. Fomentar el refuerzo positivo en los demás. La felicidad es contagiosa. ¡No tengas miedo de esparcirla!

3. Dejar atrás el rencor, los resentimientos y las envidias. Son lastres que te atarán a preocupaciones anodinas  y nada constructivas.

4. Ser amables de manera espontánea. Nada de encorsetamientos o estándares arcaicos. Es gratificante para la dos partes, además.

5. No repetir qué quieres ser o hacer. Simplemente, lo haces. Eres. Si eres feliz, actúas.

6. Tener una lista de motivos por los que estar agradecidos. Siempre hay. Y es un flotador para mantener a salvo la felicidad (que genera uno mismo).

7. Priorizar tu propio cuidado y bienestar. No puedes ser feliz si no te encuentras bien.

8. Mantener una relación sana con el dinero. Evidentemente y, por desgracia, el dinero es necesario. Pero es un medio. No un fin.

9. Da igual lo que piensen los demás de ti. Tú eres tú y tus circunstancias. Si eres feliz… ¡que piensen lo que quieran! (¿o no? ¡Echa un ojo a los puntos anteriores!).

10. Se recurre al autoanálisis para ser el primero en darte consejos a ti mismo. Se supone que nadie te conoce mejor que tú… Seguramente, sabes la solución a tu dilema pero no la ves. La gente feliz, sí. Por eso es dichosa. No sufren.

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¿Se os ocurren más aspectos que añadir?

Aunque en esto, como en los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia, creo que todos se resumen en uno: la felicidad está en ti mismo. Trabaja por ella, compártela y, si tropiezas, no culpes a los demás.

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