Yo, como soy muy original, no voy a felicitar a todas las madres del mundo. Hoy quiero darle las gracias a mi hijo por haberme elegido para poder celebrar este día. Porque cuando iba “volando, volando por el cielo”, como explicaba de pequeño, decidió otorgarme el título de ser su mamá. 

Cada maternidad es un mundo porque ya de por sí todos somos diferentes y únicos. O pretendemos. Distinción que hace la emoción. 

Así que quiero agradecer al ya famoso MiniYo que se montara en este tándem conmigo. Que me cuide y me haga grande en los momentos más nimios. Que sienta que puedo proteger a alguien de su envergadura física y emocional con tan sólo rodearle con mis brazos. Que me cargue las pilas en su versión de achucho-hombre. Que apoye mis decisiones personales y trate de que entienda las suyas. Porque es un honor crecer con él, aprender a ver la vida desde un prisma de colores … y que podamos decir a boca llena que , los dos, hemos encontrado la pieza que ajusta nuestros engranajes para conformar una imperfecta pero divertida y empática Petite Famille de tres. 

A veces me parece increíble que alguna vez estuvieras dentro de mí. Pero, la mayoría, reconozco el pedacito de mí que hay en ti. Aunque lo amoldes y mejores para ser tú mismo. Ese ser especial, cabezota, tenaz … Que me concedió el título más particular del mundo: ser madre. 


Felicidades, hijo. Hoy también es tu día (y todos!). Porque sin ti nada habría que festejar. 

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