Nunca pensé que fuera a decir que me había gustado el programa – reality – autopromo que hizo determinada cadena mandando a una casa de lujo en un lugar idílico a varios músicos españoles que interpretaron versiones unos de otros. A veces me parecía forzado, otras tedioso… Pero ahora me alegro de haber visto retazos porque es el último acercamiento que tuvo Manolo Tena con el público. Donde le escuchamos más allá de la voz rota que nunca le pudo poner a la altura de entonación de Nacha Pop y los Vega, el carisma de Loquillo y sus Trogloditas… Tan característico como aparte de su propia generación musical a la vez. Descubrimos que, aparte de un músico que podría haber sido The Police en su versión castiza (Alarma!!), había un letrista increíble, un hábido devorador de poesía… Un mecenas en forma de productor.

Descansa, Manolo. Y disfruta de la calma chicha de las letras allá donde estés.

La primera canción que me ha venido al enterarme de la noticia…

Y creo que es la mejor para este momento.

El reloj de la suerte marca la profecía,

deseo, angustia, sangre y desamor.

Mi vida llena y mi alma vacía.

Yo soy el público y el único actor.


Las olas rompen el castillo de arena,

la ceremonia de la desolación,

soy un extraño en el paraiso,

soy el juguete de la desilusión.

Estoy ardiendo y tengo frío.

Frío…


Grito los nombres pero nadie responde,

perdí el camino de vuelta al hogar,

sé que estoy yendo pero no sé hacia dónde,

busco el principio y sólo encuentro el final.


Las olas rompen el castillo de arena…
Termina el sueño, suena el disparo,

soy el delirio, soy la confusión,

soy sólo un verso que está equivocado

mientras la muerte deja caer el telón.


Las olas rompen el castilo de arena…

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