Érase una vez… Un duendecillo de ésos que, en las mejores historias de fantasía, se acaban convirtiendo en súper héroes. De expectativas cortas y corazón que no le cabe en la guerrera. Que no necesita espada para librar sus batallas. Que vence dragones y hasta se hace amigo de ellos.

Por aquellos lares, se encontraba también una reina que las que llevan joyas y ropajes de piel. Tiene un espejo virtual. Puede ver lo que quiere a través del cristal que ella misma se ha construido. Porque nadie mejor que ella para perfeccionar sus encargos.
Vive enamorada del amor y la belleza. Por eso no es capaz de apreciar las cualidades de los que habitan en su castillo. Tiene sentimientos idealizados que no encajan con la realidad. Pero, claro, ¡esto es un cuento!

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Y, por supuesto, hay hadas… Pero que no os engañen: las hadas más auténticas siempre tienen algo de brujas y viceversa. Si no, ¿dónde iba a ir a parar el cuento?

Porque cuando los libros se cierran, todos los personajes de cuento siguen su vida. Hay príncipes que salen rana, reyes que se arruinan, madrastras buenas y la mayoría no comen perdices , ni siquiera las cazan, y puede que hasta sean veganos.

Lo bueno de vivir de cuento es que, aunque cierres las tapas de un gran libro viejo y lleno de polvo, siempre puede escaparse algo de ilusión y encantamiento… Si no, no habría historia.

N. B. : todo parecido con la realidad, es pura coincidencia. O mucho cuento.

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