Don’t worry about a thing. ‘cause everything is gonna be all right… /…/
This is my message to you. (Bob Marley).

No sé qué sucede pero cada vez estoy más convencida de la teoría de (menos de ) seis grados que te une de un modo peculiar a otras personas que igual ni te habías planteado.
En mi caso, soy consciente de que esos grados son menores de seis y que acabas conociendo, coincidiendo o las dos cosas con los seres más inhóspitos.
Como no creo en las casualidad, al final resulta todavía más enriquecedor. Porque existe una causalidad.
Todo esto es para acabar hablando de otro tipo de unión el que también se habla… ese hilo rojo que te une a determinadas personas en tu vida.
No eliges. Sólo eres consciente o no. O te das cuentas antes … o después.
Llevo toda la semana soñando con un amigo por noche. Lo cual es altamente gratificante, porque ya era hora de dejar pesadillas y malos augurios atrás.
Pero hace mucho que no viene mi hermano a visitarme a los sueños. Mi hermano carnal. El que ya no habita a este lado del mundo.
Al principio de mi desconexión territorial, allá por septiembre / octubre, acudía muchas veces durante mi estado R.E.M. Lo cual era un alivio porque, de aquella, lo único que lograba, cuando podía dormir, eran pesadillas tétricas y angustias a la hora de abrir los ojos, taquicardias sin haber salido de la cama aún.
Pero llevo días que no te sueño, Einyel… Pero te pienso constantemente. Quizás has superado la barrera de la somnolencia para acompañarme. A mí… que soy una escéptica total, que tengo una fe de lo más peculiar, que tanto me cuesta depositar mis necesidades en el más allá.
No me estoy quejando. Todo lo contrario. Hasta me he descubierto mandándote a por hierba para la radio, por decirlo de un modo fino (que ni tú ni yo usaríamos ni de pensamiento). Pero siempre riendo o sonriendo. La mujer de rojo  que tú bautizaste ha acabado en un probador con el modelo más imposible de la tienda y unos tacones de 12 cm. Por supuesto, el trajecito era más colorado que la muleta de Manolete.
Hoy, de todos esos días que te he pensado, o que me has invadido la mente… ya no sé qué es más correcto, es el más triste de todos. O no. Porque una fuerza sobrenatural me ha arrojado a hacer parte de las tareas que tenía que hacer… entre ellas, “ir de compras a mi propio armario” (¿te acuerdas de esa bendita frase?). Y como no hay malestar que la música no alivie, he puesto una lista de Spotify particular que tengo: “declaraciones de intención” (muy propia, sí). He cantado a grito pelao como si no hubiera un mañana, he clamado por Coque Malla, por Dani Martín, por Antonio Vega… por todos los canallas irreverentes y sensibles que nos gustan a los dos. Y he acabado haciéndome fotos porque tú no estabas para hacer click. Pero sí que me estabas recordando otra de nuestras míticas frases (que tú la decías y yo quería creérmela, porque no eres de elogio fácil sino sincero) : “vas a ser la madre de 40 que esté más buena de todo el colegio”. Y lo que harían los amigos de tu hijo y el mío, mejor me lo ahorro… Que seguimos siendo igual de brutos los dos, pero hay que mantener cierto decoro de cara a la galería.
Y, una vez que volaste, dije… ¿por qué voy a tener que esperar a los 40? Igual no soy una madre cañón, pero voy a hacer todo lo que pueda por cuidarme y estar en paz conmigo misma y con el mundo, en ese orden. Porque esté buena o no, lo que pretendo es no morirme a los 40. Le he prometido a miniYo que haría todo lo posible, igual que hice contigo en su momento.
Cuando pienso en eso, o me arrojas tras la cortina del probador con el modelito rojo, o hago esfuerzos por ser de vez en cuando tu woman in red… Recuerdo que nada quedó pendiente entre nosotros. Ni una frase, ni una imagen, ni un compromiso por cumplir. Estamos en paz y así seguiremos. Aunque estés a un lado del mundo y yo al otro. A pesar de que no te pueda ver.
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Sentir nostalgia no es malo. Sentir la ausencia, sí.
Pero no existe tu vacío.
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