Puede que en tu día a día nada cambie y, sin embargo, tus energías habituales se vean mermadas o puede que hasta tu entusiasmo natural. Seguramente, aquello que antes te motivaba, ahora se te hace cuesta arriba pero si nada, aparentemente, ha cambiado…  ¿A qué se puede deber? Es fácil que tengas a un auténtico vampiro emocional cerca y no lo hayas identificado.

Una persona tóxica no se te presenta como un zombie de The Walking Dead. De hecho, nunca van de frente y tienen un aspecto radiante. Éste se incrementa según su ego se alimenta de pertrechar a los demás.

Analiza estas premisas rápidas y saldrás de dudas. Si eres afortunado, habrá varias personas tóxicas en tu entorno pero habrás sabido esquivarlas sin más.

  1. Las personas tóxicas hablan continuamente y en exceso de ellas. Les supera el ego y necesitan alimentarlo constantemente.
  2. Su discurso se basa en quejas y pesimismo.
  3. Asumen el rol de víctimas: el mundo contra su persona.
  4. Tienen que ser el centro de atención: no soportan pasar desapercibidas.
  5. Da igual el precio a pagar a los demás para lograr sus propósitos. Sienten cero empatía hacia los demás.

Su comportamiento se resume en un explosivo cóctel de envidia y celos que hace de la soberbia el eje de su existencia a todos los niveles de convivencia (familiar, laboral y social en general).

El mejor “antídoto” para afrontar a las personas tóxicas, aparte del evidente acto de evitarlas, es recordar la premisa fundamental que ellas olvidan: tu felicidad es tuya. No puedes responsabilizar a los demás de ella.

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