Siempre imaginamos la monarquía, de manera abstracta, como una institución fuera de tiempo, obsoleta, arcaica, hermética.
España siempre se ha considerado “Juancarlista” y para nada “monárquica” precisamente porque el Rey era campechano, cercano, próximo al pueblo. La pregunta ahora es… ¿a qué pueblo?

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Parece que a Don Juan Carlos hasta en sus propias escapadas “de relax” le ha salido el tiro por la culata. Visto así, algo muy  propio de su familia… De un tiro, no sólo se ha pretendido “cazar a un elefante” sino que se nos ha revelado un monarca impopular (por actividad, por falta de respeto a su pueblo y a las circunstancias), distante y despreocupado (de su familia, de su país y hasta de su presupuesto).

Descanse en paz el elefante, muerto por una noble causa. No, no la rotura de cadera que hizo caer al monarca… Si no la concatenación de hechos que han provocado que nos enteremos de dónde estaba el Rey y… y el resto lo omito, por respeto a los asalariados que viajan con él.

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