Para ser felices es importante priorizar. No podemos acatar la manida frase “tengo que hacer mil cosas” poniéndolas todas al mismo nivel. La frustración sería tan desbordante que no nos recuperaríamos ni en cuatro vidas consecutivas.

Aunque hay prioridades que nos brotan porque son evidentes cuando tenemos nuestros principios claros, hay otras que no tanto. En esos casos, sugiero una sencilla ecuación, llevadera para todos, hasta para los que somos fervientemente de letras:
¿Compensa el esfuerzo a realizar a cambio del resultado que vamos a obtener?
Aparte de conjugar esfuerzo y resultado, aparece la variable “tiempo”: ¿es un imprevisto? ¿Es urgente? ¿Varía el resultado si lo postergo?

El ideal es hacer esto de manera inconsciente, como con un ábaco imaginario al que movemos ficha de manera automática. Como casi todo, son reacciones que sólo conseguimos con determinado rodaje. No por ello imposibles, no por ello inconstantes. Sólo hay que vencer la inseguridad y tirarse al río. Para ser feliz también hay que ser pelín valientes. Exponerse no es perder. Es apostar. Y cuando uno apuesta por aquello en lo que cree, suele ser a ganar. Antes o después.

Prioridad número uno: sonreir

No hay que olvidar que la vida es un juego de compensaciones en busca de un equilibrio que nos procure un estándar, al menos, de salud mental y estabilidad emocional.

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